CAMINO A LA SANACIÓN #3:

CAMBIA EL VENDAJE PARA EVITAR VIEJAS INFECCIONES

MARÍA JOSÉ MACHADO
(Ecuador)
22 DE ABRIL / 12:50 – 1:05 PM EDT
Video acción

“No tenemos ni para el agua, peor vamos a tener para una computadora”—Madre anónima, Guayaquil.


La acción de María José Machado, La silla vacía, ofrece una poesía visual a partir de la imagen de una silla desocupada. La silla representa tanto una herramienta para la participación como una respuesta simbólica a la Constitución de la República del Ecuador. Opera como un instrumento para, primero, escuchar los problemas específicos que aquejan a nuestras comunidades y, luego, sentarnos a pensar cómo resolverlos mediante acciones que generen un cambio legislativo concreto. Durante el video, la artista visita las fachadas de varios establecimientos educativos —jardines infantiles, colegios y universidades—, espacios dedicados a la pedagogía y en muy malas condiciones o cerrados ya un año debido a la pandemia. A lo largo del recorrido, se oyen las voces de niños, adolescentes y jóvenes refiriéndose a una misma pregunta: ¿cómo nos ayudará el arte a superar la pandemia?

La silla vacía reflexiona en torno a cómo la digitalización y la escasez de recursos tecnológicos en la educación y salud pública han derivado en resultados desalentadores. No obstante, Machado propone una mirada esperanzadora. Confía en que actos como jugar, aprender, improvisar y adaptarse, así como explorar ideas para mejorar la educación —y, consecuentemente, las vidas de cada individuo y comunidad—, pueden ayudar a recuperar a esta generación perdida. El simbolismo explícito de llevar este peso a cuestas, de moverse con esta silla como si fuera una mochila y de lo que representa en el contexto de una minga, alude al tipo de cuidado implícito que ha de estar presente tanto en la educación urbana y rural que ofrecemos, como en los medios expresivos de creaciones culturales para sanar y reconstruir nuestras sociedades.

Para Machado este panorama optimista no comienza ni termina con una vacuna, pues lo primero que se necesita es empatía para poder cuidar un cuerpo social arruinado por la desigualdad. La silla vacía simboliza el cambio de vendaje, para no dejar las cosas sin terminar. El recorrido de la artista de un espacio educativo con potencial a otro —donde el arte y la educación desembocan en una coyuntura catártica y de sanación— es un gesto de vigilancia que busca garantizar que tanto nuestros métodos como nuestra atención estén comprometidos, de manera que la transformación no se quede solo en palabras, sino que se materialice en políticas públicas reales.

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