Desde Trinidad y Tobago, Christopher Cozier ha invitado a cuatro artistas locales a improvisar una serie de acciones —cada una en su propio estilo— para abordar la manera única en que han experimentado ese sentido de peso y pertenencia, propio del Caribe, o lo que el artista denomina “el perpetuo proceso endémico de sanación y transformación de la propia cultura”. Bajo el concepto de unión como deidad protectora que guía esta performance colectiva, la obra es un ensamblaje de puntos de vista y relatos personales, comunicados mediante actos de expresión idiosincráticos. Estos actos consideran las condiciones sociales de trabajo, el legado problemático de los cuerpos y del concepto de propiedad, así como los poderes de negociación y adaptación que trascienden la actual pandemia. Todo, con el fin de reemplazar el vendaje de las heridas del pasado y del presente con miras hacia el futuro.
Articuladas dentro de un registro simbólico que contempla la determinación, la tenacidad propia de los tiempos actuales y las complejidades intrínsecas a las nociones de hogar y recuperación, estas acciones se presentan por medio de secuencias improvisadas como caminar hacia los arbustos o sumergirse en el agua, así como de momentos de reunión que expresan confianza. Junto con Cozier, los artistas Hall, Young, Choo y Vasquez La Roche exploran ideas relacionadas con el legado, el género, la sexualidad, la espiritualidad, el peso del colonialismo y la liberación de los cuerpos negros. En esta obra colectiva la idea de “descansar en casa” va más allá de un lugar específico, pues es un proceso constante de indagación, innovación, renovación y reparación continua.